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La respiración como energía vital

Actualizado: 11 mar

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Los estudios acerca del yoga y la respiración, dicen que la vida de una persona que vive durante unos 100 años equivale a unas 800.000.000 de respiraciones. Respiramos aproximadamente como media unas 22.000 veces al día. El ser humano está hecho para vivir 175 años, es decir, siete veces la edad adulta (25 años). Respirar bien aumentará nuestra longevidad y calidad de vida de forma exponencial.


No todos respiramos de igual forma. Nuestras acciones y emociones influyen radicalmente en la frecuencia y número de respiraciones. El estrés, el miedo y la ansiedad son sólo algunas de las causas que generan una respiración acelerada, arrítmica o incluso entrecortada. Llevado a un aspecto numérico podríamos decir que a mayor número de respiraciones menor calidad de vida física y emocional; al contrario, con un menor número de respiraciones tendremos mayor calidad de vida física y emocional.


Es de vital importancia tomarnos el tiempo para escuchar y sentir nuestra respiración. No somos plenamente conscientes de su importancia hasta que realizamos prácticas como la meditación, el yoga, el taichí. También los deportes nos ayudan en este sentido, pero más desde la necesidad física de tener mayor capacidad pulmonar.


Ser conscientes de nuestra respiración es un ejercicio de observación y concentración que requiere quietud y silencio. El yoga, como ciencia y practica física, mental y espiritual, nos ofrece una gran variedad de ejercicios de respiración que nos pueden ayudar muchísimo a incrementar la cualidad y consciencia de cómo respiramos. Lo mismo ocurre con la meditación.


En casi todas las disciplinas y practicas orientales o asiáticas, la respiración es la llave a nuestra salud. En el yoga, llamamos a la respiración "prana", que significa energía vital. Respirar es alimentar al cuerpo de oxígeno dando a nuestras células el sustento necesario para que nuestro cuerpo funcione en cualquier circunstancia, clima o situación. Una persona puede estar entre 4 y 5 días sin beber ni una gota de agua, o entre 45 o 60 días sin comer,, sin embargo, una persona media sin preparación específica, no puede aguantar más de 2 minutos sin respirar. Pasado este tiempo, la acumulación de CO2 en el cuerpo comienza a producir espasmos en el diafragma y en los músculos produciendo finalmente la muerte.


Esta sencilla comparativa de tiempos sobre los aspectos más vitales y básicos de nuestra existencia, nos ayuda a entender la gran importancia de la respiración sin la cual sólo tardaríamos 2 minutos en perder nuestro sustento vital. Nos planteamos muchas veces grandes cambios en nuestra vida, relacionados con la forma física, la alimentación, las relaciones, nuestra carrera etc., pero pocas veces nos planteamos mejorar nuestra respiración. Si tomáramos la respiración como el pilar básico de nuestra salud, el resto de cambios sucederían rápidamente de forma sostenida y natural.


Un sencillo ejemplo de cómo el cuerpo funciona de forma totalmente automática, es cuando tenemos un disgusto o problema. El cuerpo entonces genera una profunda inspiración y exhalación, lo comúnmente llamado suspiro, que nos hace sentir más tranquilos. Esta reacción se produce porque al inhalar una mayor cantidad de oxígeno, ensanchamos la caja torácica, movilizamos el diafragma, masajeando el estómago, el corazón y las diferentes ramas nerviosas del plexo braquial, que nos dan esa sensación de inmediata relajación.


El aire que respiramos está cargado de oxígeno y otros gases esenciales, pero también está cargado de energía eléctrica libre formada por iones y átomos que forman campos eléctricos y magnéticos. Esta energía es absorbida a través de la respiración y transformada a nivel celular por nuestro cuerpo.


Para entender mejor el aspecto energético de nuestro cuerpo, tomemos como ejemplo una célula la cual está formada por átomos que tienen un núcleo central en torno al cual giran electrones con cargas positivas y negativas. Estos electrones y átomos mantienen cohesionadas nuestras células y en general toda nuestra estructura orgánica y vital. Respirar mejor implica tener más energía. Al respirar inspiramos el éter del espacio, o como decía Sir Oliver Lodge en su obra El éter del espacio, la energía etérea contenida en cada milímetro cúbico de espacio es igual a la de una central de un millón de caballos trabajando sin parar durante 40 millones de años. Así pues, nos podemos imaginar la inmensa potencia invisible de la que estamos rodeados y que respiramos cada día. Por ello, la respiración es clave para mantener nuestro cuerpo sano a nivel mental y emocional.


Observar la naturaleza, las estrellas, la inmensidad del mar o las montañas, nos puede ayudar a entender un poco mejor el concepto de éter o energía vital.


Llevado al terreno científico para transcender un poco más en la importancia del aire que respiramos, podemos hacer referencia a las investigaciones del Doctor Manfred Curry (11 December 1899 – 13 February 1953), y su descubrimiento de un gas excesivamente raro llamado Arane, que es un isótopo del ozono. Muchos seres, incluido el ser humano, no pueden pasar sin este gas, y cuando falta, parece que es más difícil respirar. Según el Doctor Curry, el Arane es un gas imprescindible para todos los seres humanos y sin su existencia la vida en la tierra sería insostenible.


Hablar de "prana" o contemplar la respiración como energía vital, está vinculado por la ciencia moderna como pseudociencia, pero nada está más lejos de la realidad y ya son muchos los estudios realizados por la medicina acerca de cómo la respiración afecta a nuestro organismo y salud de forma positiva y efectiva. Por poner un ejemplo cercano y actual, podemos recurrir al sistema Wim Hoff de respiración, que ha demostrado cómo, con un adecuado entrenamiento y práctica de la respiración, podemos mejorar nuestro sistema inmune, eliminar la depresión y aumentar nuestra resistencia física y fuerza mental. Un perfecto ejemplo de cómo la respiración es pura energía vital.


Nos decía nuestro maestro de meditación el Dr. Marut Damchaom, que hiciéramos el siguiente ejercicio antes de dormir; hacernos conscientes, antes de quedarnos dormidos, de si lo hacemos con una inspiración o con una exhalación, y lo mismo al despertar. Este sería el nivel más avanzado de consciencia y conocimiento sobre nuestra respiración, sin duda alguna difícil, pero no imposible. Muchos monjes tibetanos eligen el momento de morir y lo hacen plenamente conscientes de su respiración.


De momento, podemos conformarnos con hacernos más conscientes de nuestra respiración, observando cuando inhalamos y cuando exhalamos como un suave oleaje que tiene lugar en nuestro interior.


Roberto Brown.

Otras Fuentes: Desmond Dunne, Yoga para Todos, Ediciones Toray, SA



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